
BUSCANDO A ANTONIO MACHADO EN SORIA
(Centenario de la llegada de Antonio Machado a Soria 1907-2007)
ISBN: 84-611-3483-0


CINCO CARTAS PÓSTUMAS A ANTONIO MACHADO
Primera carta a modo de introducción
Estimado don Antonio:
El próximo año 2007 se cumplirá el I Centenario de su llegada a Leonor, bueno para mí, he de confesárselo, Soria es Leonor, pequeña y coqueta como una flor silvestre. Como usted bien recordará su llegada a Leonor fue en 4 mayo de 1907, esta chiquita gran ciudad tenía en aquellos años unos 7.000 habitantes, es la antigua gran Numancia, que ahora llaman por cuestiones culturales «la bien cantada» o también «la ciudad de los poetas», debido a las estancias de Gustavo Adolfo Bécquer y de Gerardo Diego. Leonor se prepara para este centenario y nosotros, mi mujer y yo, nos adelantamos a este acontecimiento para buscarle en sus calles, en sus monumentos, en sus plazas y placas, también, cómo no, por la ribera del Duero en su famosa "curva de ballesta", por tierras de Alvargonzález y Almenar de Soria, porque además he querido salir de los libros, ensayos y artículos hernandianos, y hemos venido a buscarle, hemos recorrido pueblos, calles, plazas, monumentos, con la sola intención de intentar percibir la misma atmósfera que usted respirara en las alamedas del Duero, en estas calles tachonadas de blasones y sillería que son como libros en los anaqueles de historia. En Soria hay una plaza que lleva su nombre por la zona nueva, ajardinada, otra calle para Leonor Izquierdo y otra Collioure, también las hay en Almazán y otro en Ólvega, una tierra agradecida.
Todo esto está muy bien, ¿pero no sería conveniente y bueno para Soria crear una Casa-Museo Machado y Leonor, al igual que la han abierto en Segovia? Empezar antes de que sea demasiado tarde y sea caro comprar primeras ediciones, y buscar objetos, enseres y vestidos de la época, siempre pensando en un futuro, en futuros siglos venideros.
Soria tiene cuatro Escuelas Universitarias, la de Fisioterapia, Ingenierías Agrarias, Enfermería Dr. Sala y Pablo y Educación, que depende de la Universidad de Valladolid. El nivel cultural y literario es muy aceptable. Fernando Sánchez Dragó, aunque es madrileño (1936) tiene la cartilla de reclutamiento como hijo adoptivo de Soria.
En fin, el propósito de escribirle es para contarle un viaje de tres días que hice a Soria con mi esposa, Julia Hidalgo, ayudante, secretaria y escudero de gran valía, se lo puedo asegurar, pues muchos de estos viajes no los haría si no fuera por su empuje y valor. También quiero aprovechar para ponerle al día de la situación actual en los asuntos machadianos en Soria, 100 años después de su llegada a la tierra de Soria árida y fría…, según usted; sin embargo, para nosotros fue una ciudad acogedora, cálida, hospitalaria y manejable, es decir, de cintura pequeña si fuera un pantalón. También quiero preguntarle algunas dudas que tengo, algunas seguramente serán para usted dolorosas de recordar.
El viaje a Leonor ha consistido en salir de Alicante, ligero de equipaje y como guía de carreteras Campos de Castilla (CC) de la edición del crítico inglés Geoffrey Ribbans de Cátedra nº 10, 1995 (que será el que tome en adelante para las referencias y citas), fue el lunes 18 de septiembre, por la carretera de Almansa-Teruel, pasando por Ademuz, dos noches en Teruel, visitar Albarracín, y luego, el día 20, salir por la mañana para Leonor. Por las mañanas pensamos recorrer los pueblos y monumentos, y por las tardes ya envueltas en dorados colores del crepúsculo recorrer las calles para buscarle, y de camino hacer algunas diligencias previas sobre los otros dos poetas adoptivos: Bécquer y Gerado Diego. El escaso material recogido por los escasos días de visita, solamente ha dado para este corto trabajo, y le aseguro que volveré a recorrer todos los lugares machadianos sorianos que me quedaron por visitar.
Este trabajo pretende centrarse en su etapa soriana y en algunos de sus poemas dedicados a Soria-Leonor y cómo no, a su dulce y duro Duero. Hemos ido en septiembre, un mes encabalgado con el verano que se va jugando con el otoño, mes en que Las hojas de un verde/ mustio, casi negras,/ el viento de septiembre besa,/ y se lleva algunas amarillas, secas,/ jugando entre el polvo / blanco de la tierra, como usted cantara en "Soledades" (1899-1907), porque septiembre es el mes de nuestro aniversario de bodas.
Una de las cuestiones que más admiro en usted es su bondad laica y su humildad humana, su dolor de enamorado por Leonor-Soria y por ser consecuente con sus ideas políticas hasta las últimas consecuencias, en realidad, creo que usted murió de tristeza en tierra del exilio francés, se murió de tristeza porque creo, y permítame la licencia, vivió intensamente su propia soledad de solitario empedernido, sin olvidar además, que usted fumaba más que un cubano, y todo esto merma la salud. Claro también es verdad que en aquellos lejanos años se creía que el tabaco era un desinfectante de los pulmones. Nos confesó que no era sociable, pero conservaba gran afecto a las personas, había llevado vida desordenada en su juventud, algo bebedor pero sin llegae al alcoholismo (Autobiografía, escrita en 1913, para Azorín).
De esta acérrima práctica de soledades interiores en Soria nacería su obra más célebre Campos de Castilla, más los poemas no publicados e incorporados a Poesías Completas en 1917. Tampoco debemos olvidarnos de los relatos de “Las tierras de Alvargonzález» (dedicados a Juan Ramón Jiménez). El paisaje estepario, duro y árido de Castilla florece en sus versos, con una objetivación de la que habló Azorín («El paisaje en la poesía», ABC, 2-VIII-12, Clásicos y modernos, 1913) otro autor de los que ensalzaron Castilla. El artículo de "En la Meseta", muy bien podría ser Soria. Usted le envió su libro Soledades. Galería. Otros poemas, fechado en Burgos el uno de noviembre de 1907, la dedicatoria según nos muestra la Casa-Museo de Azorín, dice: "Al pequeño filósofo, Azorín en muestra de admiración y simpatía". Firmado Antonio Machado. Luego le escribió dos cartas a Azorín, al maestro de Monóvar, una enviándole su aubiografía en 1913 y otra en 1916. Estoy en la faena de escribir un pequeño artículo para completar esta cortés relación epistolar, será breve, sobre todo cuando el año que viene se cumple también los 40 años de la muerte de Azorín, titulado "Azorín y Machado con Castilla al fondo". En una edición de Páginas escogidas(1917) aparece el poema CXII "Al maestro Azorín por su libro Castilla", que usted escribió en Baeza tras leer Castilla de Azorín que saldría en diciembre de 1912. Un año después usted apoyó a Azorín en el malogrado intento de que Azorín fuera elegido académico de la Lengua, pues este año fue cuando le hicieron el Homenaje a Azorín en Aranjuez el 23 de noviembre de 1913, usted le escribió un poema "Desde mi rincón", con la dedicatoria "Elogios al libro Castilla, del maestro Azorín, con motivo del mismo". Este poema se lo envió usted a Juan Ramón Jiménez, que lo leyó en dicho homenaje, porque usted no pudo asistir. (pág. 241 CC).
También le envió Poesía escogida y Poesías completas publicadas por Espasa Calpe en 1917, 1928, 1933 y 1936, esta última también con dedicatoria autógrafa: "Al gran Azorín, con un fuerte abrazo de Antonio Machado", según el trabajo de José Payá y José Ferrándiz, "Machado y Azorín. Trasfondo literario y político de sus relaciones", para Actas del congreso internacional sobre AM. Vida y obra (Segovia, 6, 7 y 8 de abril de 2000).
Otros hablan del paisaje como sustancia objetiva. Geoffrey nos dice que el paisaje machadiano entraña una fusión entre la emotivación que provoca la naturaleza y el espíritu del poeta. Resumiendo estas teorías de doctores entendidos, yo creo que usted lo que hace es introducirnos en un paisaje animado. Se olvidan los entendidos de algo muy importante en la creación poética, que es la inspiración, encontrar el término medio entre inspiración y expiración. Como usted bien sabe, no toda creación es producto de la inspiración o del aliento de las divinidades como creían los griegos y latinos, sino que también queda atrás el estudio, lecturas y sugerentes ensoñaciones de un determinado estado de ánimo. Y usted tenía razón como ha demostrado el tiempo, cuando un ejército de poetas, posteriores a 1939, han proyectado, reflejado, resonado, continuado su estilo sobrio de expresar paisajes y sentimientos.
Manuel Herrero Uceda escribe en la revista Baquiana nº 19-20 de Miami el artículo "Los árboles, espejo del alma de un poeta", donde nos dice: "Aunque desde los tiempos de Homero, todos los poetas que hayan cantado a la naturaleza, hay uno que sobresale por encima de los demás por haber logrado una perfecta armonía entre su espíritu y el de la naturaleza misma: Antonio Machado".
Para realizar completo su itinerario soriano o lo que yo llamaría «La ruta de Antonio Machado en Soria» en tierras de Leonor-Numancia, sería necesario una semana, al menos, esto como mínimo. Nosotros fuimos demasiado precipitados, y aunque dejamos testimonio con un reportaje fotográfico de esta primera toma de contacto, olvidamos ir a los Picos de Urbión o tierras de Alvargonzález, pero también, creo, aunque parezca petulancia, creo, que dejamos al descubierto algunas ideas y posibles veredas para que futuros viajeros-poetas los encuentren más fácil. Nosotros no hemos sido los descubridores de esta ruta, la ruta ya ha sido estudiada y fotografiada, lo que sucede es que la ruta espera la necesaria homologación oficial y el próximo años 2007 es la ocasión.
De momento, para este I Centenario, el Ayuntamiento de Soria ha convocado un premio de escultura y otro para un logotipo y eslogan. Sin pensar mucho más allá de lo que alcanzan mis luces mi eslogan particular sería: “Machado, alma centenaria de Soria”.
Todos los intelectuales reconocen que las tres figuras cimeras de nuestra poesía que traspasaron fronteras, y además, sus poemas han sido tomados para letras de canciones, han sido Federico García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández.
Con respecto a lo que usted me preguntó sobre la posibilidad de salir de Collioure (Francia) y venir a reposar junto a los restos mortales de Leonor en Soria, tengo que decirle que este asunto tiene muchos problemas burocráticos y protocolarios de los ministerios de Asuntos Exteriores, quizás, si el Ayuntamiento de Soria lo mueve, muy bien podrían repatriarse sus restos mortales o momia machadiana, por lo menos hasta el 2012, en el Centenario de la muerte de su queridísima Leonor (+1912). Como recordará, hace años se intentó lo de traer sus restos por la Real Academia de la Lengua pero se opusieron los exiliados españoles. Yo les he dicho a los españoles en Francia que los españoles de hoy nos somos los de ayer y no podemos cargar con la responsabilidad de los gobernantes de otras épocas pasadas, quizás equivocadas. En fin, no se preocupe que este asunto, seguirá para adelante.
Carta segunda. Miercoles, 20 de septiembre 2006
Estimado don Antonio:
Este medio día, sobre la una, hemos llegado mi mujer y yo a Soria en nuestro Nissan Almera, a la ciudad del Duero niño y sus álamos de doblez lírica y testigos famosos de enamorados junto a las riberas piadosas donde la “curva de ballesta” abraza a Soria con su líquido sonoro y juvenil embestida "aguas cuando ruedan" allá por el hocino estrecho y encajonado buey de agua. Llegamos por la carretera de Teruel, dejamos el equipaje en la habitación 104 del Hotel Alba, en el Paseo de Santa Bárbara, atendido por una empleada de color, situado en la zona nueva, junto a la Residencia de la SS. Luego nos acercamos directamente a la Oficina de Información y Turismo (OIT) situada en frente de la Subdelegación de Gobierno en la calle Alfonso VIII (ya no se llaman Gobiernos Civiles a propuesta de los catalanes).
La verdad es que nos atendieron muy bien en la OIT, donde disponen de precisos y preciosos trípticos ilustrados para todos los gustos y expectativas turísticas: naturaleza, históricos (celtíberas y Numancia, románico) espacios naturales, rutas de la icnitas (huellas de los dinosaurios, guía del recolector de setas, etc., más la guía de exposiciones del pintor contemporáneo Jorge Vidal. La azafata de turismo, alta y morena, guapa de ojos claros, nos explicó todos los puntos de interés sobre el plano de la ciudad que más tarde nos daría. Pregunté: ¿Tiene una ruta de Antonio Machado? "-No". Fue su respuesta, pero con celoso bolígrafo azul deslizante me marcó con círculos la ubicación del Instituto que lleva su nombre y la ermita de San Saturio, pero nada más. Lo demás lugares quedaban a nuestro albedrío, a nuestro interés en buscar e investigar, y sólo tenía tres días para descifrar la ruta machadina, poco tiempos desde luego.
Otro de los trípticos se llama «Soria la capital con los poetas», y hay algunas interesantes pinceladas sobre los tres poetas: Bécquer, Gerardo Diego y usted. Pero que creo insuficientes, para los que vamos con prisas, como yo, únicamente a saludarle, y, de paso tocar algunas piedras que, ilusoriamente, usted rozara con su abrigo, oír el rumor del río, llenarse de verdes, amarillo, azules y magentas.
Pero no hay en la OIT, que yo sepa, un tríptico específico dedicado a recorrer, directo y sin equívocos, lo que se llamaría «La Ruta de Antonio Machado» en Soria y su provincia. Para que turistas despistados como nosotros, turistas con prisa y sin paciencia, sepamos ver dónde vivió usted, dónde comía y tomaba café, impartía clases, en qué iglesia se casó o iba a misa. En la provincia nos queda la ruta de Alvargonzález en los Picos de Urbión, el famoso Lago Negro donde dicen que vive una sirena desterrada por Zeus, y sus lágrimas son las que han ennegrecido las aguas del lago. Y como no, Almenar de Soria y su castillo casi encantado, lugar del nacimiento de Leonor Izquierdo, hija de un guardia civil. Estos lugares que le acabo de nombrar serán muy conocidos para quienes lo saben o viven ahí, o lo han estudiado premeditadamente, pero no para el turistas sin tiempo, menos aún para los turistas extranjeros, que su estapa soriana le suena chino. Desde aquí propongo una "Ruta de Machado". Porque en Soria, como dice mi amigo Ángel Almazán, solamente hay un Machado.
Con estas "cartas machadianas" quiero contarle nuestras pequeñas aventuras, anécdotas y descubrimientos, algunos muy llamativos, como el que en Soria capital no hay ninguna calle que lleve su nombre, sino una plaza en zona verde.
La verdad, es que, hoy en día, en 2006, Soria no es «un pueblo miserable», si bien, cuando usted llegó en 1907, con unos 7.000 habitantes era un pueblo-capital; pero hoy no es miserable, porque Soria podríamos dividirla en tres partes: la antigua, la moderna y los polígonos industriales hacia el Este, bien comunicada con carreteras radiales hacia: Zaragoza, Logroño, Burgos, Valladolid, Madrid y Teruel. Si bien es cierto que está bien comunicada, las carreteras están un poco antiguas y abandonadas por los abrigos de asfalto, todas necesitan arreglos. El tráfico no es muy denso entre las carreteras interprovinciales, si las comparamos con ejes industriales de Valladolid, sí necesita una autovía con salida al eje Mediterráneo y otra a Madrid. Nadie, ninguna ciudad porqueña que sea, en estos tiempos, ni puede ni debe estar aislada, sin autovías, aeropuertos etc.
Uno de los poemas suyos más celebrados es «Campos de Soria», un poema persistente e insistente con su fuerza. Y es que he de reconocer que esos tres versos por donde traza el Duero /su curva de ballesta/ en torno a Soria, oscuros encinares… (p.137) ya merecen un lugar en el Parnaso, porque en cualquier tertulia poética, medianamente cultos, se conoce lo de la "curva de ballesta" como si no hubiera otros ejemplos de curvas posibles: curvas de mujer, curvas de herraduras, curva elíptica. Pero evidentemente estas nuevas ideas, dichas por mí, suenan vulgares y vanas, sin lirismo alguno, sin esencia de eternidad como las suyas. ¿Seré yo capaz de escribir alguna vez un poema mítico? Porque todo mito requiere una originalidad como usted ya dijera una vez.
Como la azafata de la OIT nos había marcado en nuestro plano la ermita de San Saturio, era lo primero que íbamos a visitar de esta «Solderia» (ruego acepte este neologismo como Soria y su ribera del Duero) «mística y guerrera» no puede haber mejor definición para esta castellana provincia donde vivieron y construyeron los caballeros Templarios (dese cuenta, por simple curiosidad que las últimas cinco letras de Templ-arios tiens las mismas eltras que Soria). Bien, como le iba diciendo, por la tarde a eso de las seis salimos del hotel en coche, dejamos atrás una serie de curvas en bajada (Soria está en la ingle de un valle) y a nuestra derecha la Concatedral de San Pedro, y arriba en la loma la ermita de Nuestra Señora del Mirón, y, antes de llegar al puente del río Duero aparcamos en un callejón, al final de la calle San Agustín donde podemos ver la pared de un edificio de sillería de arenisca antigua y abandonado. Caminamos con entusiamo y alegría de viejas nostalgias por el largo y adoquinado Paseo del Postigo, o paseo del colesterol, a la margen derecha del río, entre las sombras placenteras de los castaños niños y los viejos álamos dorados y los rancios olmos de la anegada ribera, desde donde se oía el rumor del agua quejumbrosa. Y al mirar hacia atrás, los ojos del puente se nos hacen pequeños, y mi mujer me preguntó si era romano como el de Mérida, pero le dije que no lo creía. Entramos en las pasarelas artificiales sobre el Duero, todo un espacio verde de recreo y pinnic, lujo vegetal donde se pueden ver algunas mesas y bancos de madera con parejas jugando a las cartas, pertenencen a la tercera fuerza social. Toda una gran idea ocio-naturaleza, de esas ideas geniales que, de tarde en tarde, cada siglo, tienen nuestras autoridades. A pesar de que cuando se construyó tuvo sus detractores, como siempre en miedo a los cambios.
Las pasarelas de tablas caminan y puentean sobre las cantarinas aguas que se van jugando entre los juncos y las aneas, no sé adónde van con tanta prisa, ¿adónde vais agua de mi vida, alegría de mis pies de durísimas pisadas con bastón ocre, reflejos del crepúsculo de mis pasos?, y la pequeña cascada risueña y leve junto al molino, deja lugar a dos niños pescadores, bajo la vigilancia de dos hombres con cañas que lanzan al río mensajes engañosos anudados en el extremo del sedal, atados a ilusiones en forma de anzuelos cuyos agudos pinchos muestra empalizadas de plumas en vivos colores. La tarde sedosa del verde septiembre, anuncia a la brisa que está de vacaciones y, el prado, con mesas bajo los álamos que corren verdes hacia arriba, hacia sus copas sin vino, con amores de luz y tristezas de poetas lánguidos. Y de vez en cuando, sobre la líquida superficie se zambulle un anade y salta una rana.
Y ya, saliendo por el laberinto de las pasarelas jugando con la incesante orquesta del rumor poético de las aguas, cerca del puente gris metálico y elevado que deja paso al ferrocarril, retomamos de nuevo el paseo que está adoquinado y sus aceras ocres del color del albero, y, ya como místicas formaciones de rocas que sueñan a colores vivos, aparece, en la otra orilla, ¡Oh Dios, Santísimo!, la impresionante, la escalada sobre riscos, la imposible ermita dorada, cárdena del crepúsculo de San Saturio. Esta es, sin duda alguna, la mejor de todas las horas para verla relucir. Desde aquí, desde la otra orilla bajo los amarillos álamos y chopos, el río quieto, sedentario, verde oscuro con reflejos de ocre y cadmios deja paso un puente peatonal que no estaba construido cuando usted paseaba por estos deliciosos parajes con Leonor. Había que sacar fotografías, había que robarle una fracción de segundo al tiempo, había que invocar la grandeza de este lugar. Por ello no me extraña que a usted le dejara perplejo, cudno escribe:
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria –barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra.
(Estrofa, VIII.«Campos de Soria»).
Y al cruzar el cariñoso puente peatonal del río Duero, nos damos cuenta que usted no nos miente cuando nos dice que el río traza aquí su «curva de ballesta», esta curva existe, es ya mítica, gracias, y como señalara Lázaro Carreter y Vicente Tusón, es una metáfora de resonancias guerreras que el encabalgamiento pone de relieve el verso corto, porque estamos hablando de una silva asonante (VII «Campos de Soria»). Cuando uno repasa los versos de un poema en el lugar donde se escribieron, después de cien años, es lo mismo que mantener una conversación directa con el autor, en este caso con usted, sincero y verdadero, que es lo que ha de ser el poeta, sobre todo sincero consigo mismo.
El reflejo da color del agua, el agua tiene el color de su entorno; lo descubrieron los pintores holandeses en el s.XV. Agua con los tonos grises y calizos del roquedal, de los chopos amarillos que como mariposas dejan volar sus hojas fugitivas, y el ligero viento del sur nos trae la epifanía del Señor y un perfume a incienso viejo confundido de un olor a nardos marchitos que añoran su tiempo de frescor. Y ya bajo la escalerita sagrada del altivo San Saturio, entre los olmos y los chopos con pintura de colores en alas de los pájaros, donde pían y revolotean ruiseñores, alertas buscandos sus nidos hospitalarios. Subimos hasta la carretera, la que da a las escaleras y cueva de San Saturio. Y nada más culminar la escalinata vemos el celebrado rincón del poeta que le dedicaron los agradecidos sorianos el 5 de octubre de 1932, donde le nombraron hijo predilecto, siendo alcalde Antonio Arroyo. Se cumplían los 25 años de su llegada a Soria. Un homenaje que ya quisieran muchos envidiosos y aficionados poetas para sí. Y hay también dos placas pegada a las rocas grises como esculpidas por el tiempo donde se leen poemas tales como los que anoto:
Primera placa:
Estos chopos del río, que
acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
(Estrofa «Campos de Soria» VIII)
Segunda placa:
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!
(Estrofa de «¡Oh, sí, conmigo vais…»)
Hicimos espeleología mística por el interior de la ermita que es una cueva natural, escaleras, paredes de sillería que forman sacristías y capillas, rincones con vírgenes, sepulturas, bajo un clima agradable de unos 18 grados. Y aquí, en un pequeño altar vemos una imagen de San Saturio el ermitaño.
Regresamos por la carretera de San Polo, este santo me recordó que un pueblo de la costa de Alicante lleva el nombre de Santa Pola-el femenino de San Polo-, donde hace años hubo un gravísimo atentado terrorista que destruyó el cuartel de la Guardia Civil. Por este camino de silencio es por donde usted y Leonor caminaron tantas tardes, tardes lánguidas de leve conversación, hasta el puente del Duero, la distancia a San Saturio es de unos 1.300 metros para recoger el coche, es un paseo muy frecuentado a cualquier hora, mañana o tarde, comentó mi mujer que seguramente los médicos de Soria recetan estos paseos tanto para rebajar el colesterol como para elevar el espíritu. Muy acertada ocurrencia, porque ella tiene algunos golpes de sinceridad apabullantes. El río queda a nuestra izquierda, a la derecha el monte bajo donde «las rocas que sueñan» suben por los colinas plateadas, grises alcores, la tarde aún deja ver lanzas de rayos de sol entre algunas nubes perezosas, algunos chopos de blancas cortezas siguen teniendo grabadas iniciales que nombres/ de enamorados, cifras que son fechas.
Seguidamente paseamos por la Plaza Mayor con su Ayuntamiento en obras. En el dintel de uno de los arcos principales hay una placa de mármol blanco que recuerda el III Centenario de la publicación de El Quijote, se colocó un 7 de mayo de 1905. Por lo tanto pienso que alguna que otra vez usted leyó esta misma placa que yo estoy leyendo ahora. ¿No es caso un gozoso privilegio que esta placa conmemorativa me entre en los ojos llenos de alegría, y la pueda leer con las mismas letras que usted, seguramente también la vio y leyó? No puedo dejar pasar esta fecha del 7 de mayo, sin decirle que yo nací un 7 de mayo de 1947, lo siento por mi vanidosa intromisión. ¿No son a caso coincidencias cabalísticas? En el ala Este de la plaza se encuentra la Casa de Cultura (Antigua Audiencia) que tiene auditorio y teatro. En una de las pétreas y cinceladas paredes del soportal o porche hay un letrero que dice: PROHIBIDO JUGAR A LA PELOTA EN EL PORCHE. Frente a la Casa de Cultura se halla la recoleta y romámica iglesia de Santa María la Mayor donde usted se casó con Leonor aquel lejano 30 de julio de 1909, ofició la ceremonia el p. Isidro Martínez González. El padrino de bodas fue un tío de la novia, Gregorio Cuevas Acebes cirujano-dentista.
Luego, tras las fotografías que le hice a mi mujer en la fuente encadenada con leones agazapados y acechantes paseamos por los acogedores soportales de la calle El Collado hasta llegar a Marqués de Vadillo, entremos en una "elegante fonda" para la merienda-cena, es la cafetería-pastelería York. No sé, don Antonio, si en su tiempo había tan buenas pastelerías en Soria, creo que aquí está el Olimpo de los pasteleros y el paraíso del azúcar glasé. Sin darnos cuenta las calles del centro se habían llenado de peatones, la mesas con su paraguones cubrían la plaza de Ramón Benito Aceña, donde vivieron los hermanos Bécquer, pero que los sorianos siguen llamando de Herradores. Buen ambiente de vino y cañas. También en El Tubo o plaza de San Clemente y Palacio de los Ríos, y esto demuestra una vez más que los sorianos tienen buen nivel de vida.
Por la noche, en la habitación del hotel, después de cenar y tumbado sobre la cama estuve leyendo un libro que había comprado en Teruel, La batalla de Teruel, de Tuñón de Lara, donde aparece Miguel Hernández en una fotografía. Esto me recuerda la obligación de escribir un artículo sobre La huella de Miguel en Teruel, son tiempos pasados pero como decía Gerald Brenan, hay que olvidar los odios, pero no hay que olvidar los hechos. Quiero recordar que el profesor Francisco Esteve, tiene un trabajo titulado «Antonio Machado y Miguel Hernández: dos poetas y una misma voz» , donde Esteve nos hace recopilación de los vínculos personales y poéticos de usted con Miguel, sobre todo cuando coincidieron en Valencia en el II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la República, celebrado en Valencia día 3 de julio de 1937. Usted pronunció el discurso de clausura del Congreso, seguramente en Madrid que fue donde se clausuró. Recuperado el artículo de Francisco Esteve, leemos:
Aunque Antonio Machado y Miguel Hernández pertenecen a dos generaciones diferentes, como son la del 98 y la del 36 respectivamente, las especiales circunstancias que incidieron en sus vidas durante la guerra civil española y sus posteriores consecuencias, hicieron que se establecieran unos vínculos de gran relevancia. A pesar de que sus trayectorias vitales tuvieron inicios diferentes, en su última etapa estuvieron estrechamente unidos compartiendo una misma voz de unos idénticos ideales a favor de la justicia…
Otros de los vínculos comunes de los que no se he oído mucho hablar es que vuestros respetivos suegros, tanto el de usted como el de Miguel Hernández, ambos fueron guardias civiles, casualidades de la vida. Y esto me sugiere una pregunta: ¿Cómo se llevaba usted con su suegro, un sargento de la Guardia Civil? Acaso, hubo enfados tras la muerte de Leonor, y esta fuera una de las posibles causas de su marcha de Soria a los ocho días del óbito. También es verdad que usted en agosto estaba de vacaciones veraniegas y la vida con sus suegros era imposible.
Para mí, particularmente, siempre le vi a usted en la pág 65 junto a Miguel Hernández en la pág, 204 en el mi libro de texto de Lengua Española, de Lázaro Carreter y Vicente Tusón. Anaya 1979, cuando yo estudiaba el 1º de Bup Nocturno en Castellón. El retrato suyo, es un dibujo a plumilla nada más y nada menos que de Pablo Picasso, póstumo, firmado el 3-01-55. En la Introducción de este libro se dice de usted:
Pocos autores del siglo XX han suscitado un interés tan amplio y tan persistente como Antonio Machado (1875-1939). Su poesía es una de las cimas más altas de la literatura de nuestro tiempo. En su primera etapa (Soledades), predomina la hondura con que aborda los grandes problemas humanos: el tiempo, la muerte, Dios. La melancolía y el sentimiento de soledad se desprende de sus versos, cada vez más depurados. Con su libro "Campos de Castilla" (1912), Machado parece salirse de su mundo interior para enfrentarse con el mundo que le rodea. Desde Soria, donde residió varios años, nos deja inolvidables visiones de un paisaje pobre y hermoso, de unos hombres sufridos y rudos, de un pueblo miserable…
Después he hojeado/ojeado el tríptico «La Soria Verde (I)», me habla de La Laguna Negra, Pico de Urbión, Vinuesa, Covaleda y Duruelo. Y leo:
De momento, tomemos la carretera de Burgos y vayamos, bajo el perfil suave de la sierra de Cabreja, hasta Cidones. Será, en esta localidad en cuya Venta descansó Machado antes de empezar la Ruta de Alvargonzález, donde nuestro itinerario se bifurca hacia el triángulo vigilado por el Urbión…
En la pág 140 de CC, encuentro y leo el poema «La tierra de Alvargonzález», dedicado a Juan Ramón Jiménez, que empieza: Siendo mozo Alvargonzález,/ dueño de mediana hacienda, que en otras tierras se decía /bienestar y aquí, opulencia… Y en la pág. 286 CC, empieza el relato de su viaje: Una mañana de los primeros días de octubre decidí visitar la fuente del Duero y tomé en Soria el coche de Burgos que había de llevarme hasta Cidones... Aquí había que ir, pero quedará pendiente para el día siguiente.
Atentamente, se despide hasta mañana, su seguro servidor.
Carta tercera. Jueves, 21 de septiembre 2006
Estimado don Antonio:
Por la mañana salimos de Soria a eso de las 10 de la mañana, pero erré la dirección en una maldita rotonda, en vez de tomar dirección Burgos para ir Cidones y Picos de Urbión, «La tierra de Alvargonzález», tomé dirección Valladolid y ya no podía dar la vuelta salvo accidente que no estaba dispuesto a tener, salvo error involuntario. Por esta razón, entre un sí y un no, o un giro de volante, no fuimos a la tierra de Alvargonzález sino a la de Almanzor en Calatañazor, Almanzor nació en Torrox 940 (Málaga) falleció en Medinaceli 1002, lo dice una placa en el busto con casco guerrero que se alza aquí. Seguimos hacia El Burgo de Osma, la romana Uxama del cerro Castro, luego la medieval Osma su catedral de interés sobresaliente, gótica contruida sobre una románica, bares con clientes alemanes y los soportales guareciendo el comercio y una panadería con horno propio que inunda la calle con olor a pan recién hecho donde también confitan unos bizcochos auténticos y populares para morirte de gusto a los que yo llamaría "burgosmitos", la amplia Plaza Mayor con el Ayuntamiento y hombres de la "tercera columna" sentados en los bancos sobre cuyos fríos granitos han puesto cálidos maderos, y, frente el Museo Diocesano guardado por obispos de piedras en los aleros y la oficina de Información y Turismo en lo que fue una capilla, y sala de exposiciones en el claustro. Con motivo de la conmemoración del centenario de su llegada a la provincia Soria, el Restaurante Virrey Palafox, de la calle Mayor 4, ha organizado un concurso poético dentro de los actos programados en la celebración de las XXXIII Jornadas Ritogastronómicas de la Matanza.
Luego subimos a Ucero y al Cañón del río Lobo donde nos estuvieron acechando los buitres, entre plomizos peñascales y "cárdenas roquedas". Tierras cercanas pero muy distantes al sur de los Picos de Urbión, pero tampoco lo lamento, fue un viaje certero como flecha a la mejor de las dianas. Pero claro, evidentemente a usted no le interesará que le cuente esta aventura, que dejaré para otra ocasión.
Usted nos dice que realizó el viaje a Picos de Urbión en octubre de 1910, en compañía de unos amigos, para ver el nacimiento del río Duero. Otras opiniones más puntillosas, apuntan, que usted debió viajar en septiembre, porque a primeros de octubre usted ya debería estar dando clases, en fin son ganas de afinar. Viaja desde Soria a Cidones en coche, desde Cidones a Vinuesa a pie y desde Vinuesa a caballo hasta Covaleda donde subirá a los Picos de Urbión, pero a causa de una inesperada tormenta descienden hasta la Laguna Negra. Este viaje le servirá de argumento para escribir el poema y el relato de «La tierra de Alvargonzález» en Campos de Castilla, inspirado en el paisaje y en historias de parricidios que había leído en la prensa soriana. Hemos de conformarnos con leer y ver este magnífico trabajo en la web "En las tierra de Alvargonzalez". Quiero hablarle también del trabajo o mejor debería decir las pinceladas de Raquel Benítez en su trabajo "La paleta machadiana en Campos de Castilla".
Una vez visitado el Cañón del Río Lobo en Ucero, bajo un cielo amenzado de buitres y nubes altas y no poder llegar a ver la ermita de San Bartolomé porque nos empezó a llover, regresamos a Soria por la lanza de la carretera. Por la tarde cayó una tormenta aquí, pensamos que era ese famoso huracán que anunciaban en Galicia. Pero nosotros no podíamos quedarnos en el hotel, así que en cuanto escampó decidimos salir a merendar, aparqué frente al Museo Numantino, detrás nos quedó el parque Alameda de Cervantes, un verdadero pinar-urbano-soriano, no entramos porque estaba todo encharcado. Paseando llegamos hasta el salón del primer piso de la cafetería Zeus, atiende la barra un camarero muy joven y diligente, salón decorado con grecas y cenefas clásicas, amplias y circulares mesas, es para no fumadores, cuadros en las paredes de la capilla Sixtina. Y usted me preguntará y qué tiene que ver la capilla Sixtina de Miguel Ángel con los clásicos? Pues no lo sé pero aquí están.
Después dimos un paseo nuevamente por los soportales de calle Collado, columna vertebral-comercial, hacia la plaza Mayor, porque a mí me gusta mucho recordar estas tiendas antiguas atendidas con esmero, es como volver en el tiempo. Sin darme cuenta he hallaba ante el escaparate de la librería-papelería Las Heras, donde vi unos libros dedicados a usted, llamé a mi mujer porque estaba en un escaparate de ropa, y es que la ropa le vuelve loca y entramos dentro de la librería en el número 38, se fundó en 1860, por lo tanto usted debió entrar en ella en alguno de sus paseos. Recordemos que cinco años dan para mucho, es el tiempo que usted residió en Soria, aunque hemos de restar el tiempo que estuvo en París (nueve meses). Entramos en ella, es amplia y bien surtida para pertenecer a una chiquita ciudad, el mostrador de la papelería se halla a la izquierda, subí los cuatro o cinco escalones, aunque tiene rampa para silla de minusválidos, y aunque estoy medio cojo y uso bastón estas rampas me dan pánico. Una vez en la librería pedí dos libros: Machado, Soria y Leonor, edición facsímil de Ángel Marco Ibáñez, Las Heras, y Antonio Machado en la poesía española (1939-2000) de José Olivio Jiménez y Carlos Javier Morales, de Cátedra, 2002. Es una librería personalizada atendida por dos jóvenes dispuestos y atentos, lo malo era que como estábamos en campaña de venta de libros escolares, había muchos clientes para atender.
Luego compré El Mundo en un kiosco de prensa situado en un bajo. Dentro del ejemplar traía como suplemento el Diario de Soria (fundado en 1913), que por lo que parece El Mundo debió absorberlo, años atrás. El Diario de Soria, pertenece a Soriana Ediciones S.A. cuyo presidente es Francisco Rubio; consejero delegado Miguel Manovel y director Pablo R. Lago, que lo de R. debe ser Rubio también. No tiene número, sí fecha, 21 de septiembre. Viene la foto de jugadores del Numancia entrenados por Andoni Goikotxea, y el encabezamiento dice “El Numancia dice adiós a la Copa al caer ante el Poli en los penaltis». Lo de Poli se refiere al Polideportivo Ejido de Almería. Qué tiempos aquellos cuando el Numancia estuvo en Primera División. Otra noticia de la primera plana dice “La guerra en el Líbano obliga a Tommas Papel y Tojatex a paralizar sus exportaciones. En la página 2, aparece el artículo “Atalaya Megaguay” de Eduardo Munilla, sobre las nuevas tecnologías y la TV virtual de Zapatero. La última página se dedica a la remodelación del Ayuntamiento en la plaza Mayor que está en obras.
Paseando llegamos a la plaza San Blas desde donde pudimos ver un sublime palacio en calle Aguirre, en esta calle hay una tienda de ultramarinos, como el dependiente estaba en la puerta esperando a algún cliente, le pregunté cómo se llamaba el palacio, y me dijo que de los Condes de Gómara. Es un palacio en piedra rosada de arenisca, perfectamente alineadas sus columnas de la parte superior, nos muestra su torre cuadrada como una verdadera fortaleza y su noble portada de escudos y gigantes guardianes pétreos y fornidos. Pero no quería distraerme aquí, así que le pregunté por el Instituto Antonio Machado, y me lo indicó perfectamente, quedaba allí mismo, tan sólo tuvimos que subir por una calle, que para mi sorpresa era la calle Los Estudios esquina a Teatinos, donde en el número 7 estuvo la segunda pensión de la señora Isabel Cuevas. Sin darnos cuenta estábamos en el corazón del recorrido machadiano, con denuedo busqué alguna placa, no la vi, de todas formas los antiguos edificios, cien años después no han resistido, han sido demolidos, recalificado y reedificados. Pero en fin, una placa explicándole al turista uno más de los puntos de la ruta machadiana, no vendría mal.
Subimos por la espalda del Instituto hasta la plaza del Vergel, es un edificio de sillería con claustro en la planta baja, seguramente de la remodelación del siglo XVIII, en realidad su origen es del XVI, pero un incendio lo quemó, creo que fueron los jesuitas los interesados en este edificio, que ha sido cuartel, hospital, fábrica de hilados, universidad y no sé cuántas funciones más, desde luego que este edificio, incubadora de cerebros sorianos, pertenece a la historia de la ciudad.
Sorprende ver su busto en bronce azabache, cabeza gorda y calva, que no le favorece nada, situado sobre un bloque cuadrado de piedra rojiza, no encontré el nombre del escutlor, pero luego averigüé que es de Pablo Serrano (1966), 63 x 45 cm. en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, por lo tanto es una réplica. A mí particularmente no me gusta, me gustan más los que le hizo Emiliano Barral (1920), uno en mármol y otro en bronce. Sin embargo, entiendo que se busca el efecto de llamar la atención por su cabezón. El cielo empañado de nubes, daba a las piedras un rancio color a antiguo roto, los adoquines mojados y resbaladizos se mostraban peligrosamente enemigos. Me acordé del soneto que escribiera Cervantes al túmulo del Rey Felipe II en Sevilla en 1598, y enredé este poema que además tiene mucho de Jorge Guillén.
Al busto de Antonio Machado en Soria
A los alumnos del Instituto Antonio Machado
¡Cuán “me espanta esta grandeza”!
del poeta láico y sevillano –en Soria
perenne del sueño-,
cavado en bronce tierno,
un gordo calvo sirvió de modelo
individuo triste a lo largo
de toda la guerra, al imperativo
circunstancias muerto.
Ahora aquí, triunfante Serrano
pusiste el crisol eterno -fuego Numantino-
sobre parada piedra admiro el busto
de un poeta callado y viudo dolorido,
de Leonor Izquierdo me acuerdo,
-un tanto desilusionado-
del escultor me olvido.
(Soria, 21-IX-2006)
Luego leí como si fuera un Bando Municipal de levas las dos placas en la pared, una de la Junta de Castilla y León que anuncia que nos encontramos en el Instituto de Educación Secundaria Antonio Machado. Un edificio antiguo con mucha solera que, a pesar de las dentelladas del tiempo, conserva y conjuga el pasado con el presente de la enseñanza. Tiene hasta página web, desde aquí mis saludos. En ella leo que el Instituto ha creado la "COMISIÓN DEL CENTENARIO" de su llegada a Soria, muy buena iniciativa, por supuesto; pues estoy seguro que con entusiasmo pueden hacer algo memorable para los futuros siglos. Los alumnos y profesores se han dado cuenta de algo invisible, y es que usted sigue en el Instituto como profesor presente y no emérito, le ven pasear por el claustro, por los pasillos, por el gimnasio, o entrando a las diferentes aulas. Su espíritu de profesor de francés sigue aquí, se lo aseguro.
La otra placa en la sillería clavada, hiriendo la piedra, dice:
«La ciudad de Soria y en su nombre el Ayuntamiento al poeta y profesor D. Antonio Machado en el 75 aniversario de su toma de posesión como catedrático de este Instituto. Soria 1907.1982».
El Instituto está cerrado, mi mujer me saca las fotografías correspondientes junto al busto y otra junto al pórtico del Instituto, me quedo con las ganas de ver el aula donde usted dio clases o despachos donde ejerció como vicedirector desde el 14 de abril 1908, lamentablemente tampoco puedo ver el bajorrelieve que he visto en fotografías y dice:
«El poeta Antonio Machado cantor de Soria fue catedrático de este Instituto entre 1907 y 1912. Aquí escucharon su palabra sus alumnos. El Instituto de Soria venera su recuerdo. 3-10-1959».
En el Instituo hay una cátedra dedicada a usted. Transcribo el párrafo de Carlos Moreno Hernández:
«La cátedra dedicada a Antonio Machado en el Instituto de Enseñanza Media de Soria que ahora lleva su nombre, inaugurada por Gerardo Diego, recibió en la tarde del 28 de marzo de 1961 a Geoffrey Ribbans, presentado por el entonces profesor de lengua y literatura Carlos Beceiro. El crítico inglés habló sobre la poesía de Antonio antes de llegar a Soria, y tanto su conferencia como la presentación de Beceiro se publicaron al año siguiente en un folleto de 35 páginas a expensas de la Diputación Provincial». (1998. Machado en la Red. En páginas Sorianas de Creación.).
Entre los alumnos de francés que usted tuvo en Soria figuran algunos nombres en el último libro de Ian Gibson, como el de Mariano del Olmo Martínez, Mariano Granado Aguirre y Gervasio Manrique de Lara.
Triste y lloroso como el día, subimos caminando bajo los paraguas hasta la puerta de la iglesia románica de Santo Domingo, donde usted y su mujer iban los domingo a misa. Usted era láico, pero como vecino consciente acepta la obligación cívica de las costumbres dominicales de la gente de bien. Esta iglesia es una construcción labrada a besos de cincel con piedra arenisca de color tostado y, sobre todo, mucha fe, fe en levantar estas piedras sin medios técnicos en aquellos siglos XII y XIII. La portada, bellamente rematada, muestra un arco con miles de imágenes diminutas, propias de las puertas que llamadan de la Gloria, y encima, coronado el pórtico, aparece un rosetón que es como una estrella de ocho brazos o bastones, que dejan ver cerrados espacios por vidrieras, ojo divino que todo lo ve, “horóscopo vidriado” según se le atribuye a Gerardo Diego. Este ojo caleidoscópico es una comunicación bautismal con los cielos, reflejo de los divinos cielos sorianos.
Cuando entramos a la iglesia, nos llegó al oído las voces celestiales de un coro de monjas Clarisas, vimos a las monjas tras una reja que cerraba el altar mayor, vi y oí a las monjas cantar, era algo precioso por su ritmo, aunque inteligible para mí, ya que debía ser gregoriano. Nos sentamos en unos bancos, y es que, aquí uno se olvida de los problemas cotidianos, se siente uno elevado, en un escalón superior del alma, superior quizás por esta música de voces femeninas, serafines, que yo llamaría coros de la fe.
Luego buscamos el refugio de las cafeterías acabamos otra vez en York. Los clientes ocupaban todas la mesas del saloncito interior, la barra a tope y la pastelería riquísima y reluciente de colorido decía cómeme.
Atentamente, se despide hasta mañana su seguro servidor.
Carta cuarta. Viernes, 22 de septiembre 2006
Estimado don Antonio:
La mañana la dedicamos a visitar Almazán y las ruinas de Numancia en Garray, en la carretera de Logroño, donde hemos hecho amistad con unos paisanos malagueños. En Almazán tiene usted una calle. Primero habíamos pensado ir al castillo de Almenar donde nació su queridísima Leonor, sin embargo, hemos pensado dejarlo para mañana a nuestro regreso a Alicante, por la carretera de Teruel, Calatayud. (Este prefijo «cala» me llama mucho la atención, lo vemos en Calatañazor y Calatayud, aunque el prefijo se remonta al pre-románico «ensenada» al latín Calla Aethiopica, planta. También podría ser de origen árabe, como agujero, excavación o calar para probar un melón. Pero lo más acertado para esta zona de interior de España sería a «vuelo rápido», como «calada» o vuelo rápido del halcón, quizás por la afición de los árabes a la cetrería). Otro pueblos que empiezan con este prefijo son: Calahorra (Granada), Calamocha (Teruel), Calañas (Huelva), Calasparra (Murcia), Calatrava (Orden Militar).
Al pasar camino de Garray por el puente del Duero, vemos a la izquierda oculta entre la maleza la iglesia románica de San Juan de Duero que antes fue convento Hospitalario de San Juan de Acre. Usted y Leonor, por las tardes, paseaban juntos y melancólicos por estos bellísimos parajes llenos de verde y de historia, llenos de sentimiento y tregua del espíritu. Seguramente vio el claustro que tiene cuatro tipos diferentes de arcos túmidos, los más esbeltos y ligeros son los entrecruzados de influencia sículo, árabe y mudéjar, cantados por Gerardo Diego. Arcos con tramos convergentes de herradura, arcos emblemáticos, en definitiva, de postal soriana. Se me ocurre un poema de creación propia, y con todos los respetos y pudor se lo mando:
Sobre columnas acanaladas
brazos de arcos cruzados,
manos juegan a abrazarse
unos con otros doblados,
ramas al Duero formaron
en Soria con San Juan jugaron...
Otras veces irá usted dirección contraria, a San Saturio, pasando entre los álamos del margen derecho, entre los verdes cinabrios de los mirtos, por debajo del adarve de la ermita de San Polo. Otras veces cruzando el puente llegará a las murallas del derruido castillo, en cuyos empinadas lomas es desde donde mejor se contempla el Duero y las lejanas montañas azules y ocres, violetas y verdes esmeralda, el Parador Nacional que lleva su nombre, remodelado en el 2005. Aurelio Rioja escribio un bellísimo poema descriptivo:
Castillo pobre y austero
que levantas junto al Duero
tu esqueleto de muralla,
sin clamores de batalla
ni cantares de trovero.
Y otras veces subiendo por la carretera del paseo de San Juan de Narros llegará usted a la altiva ermita de Nuestra Señora del Mirón. Donde además, hoy en día, se levanta un Hotel-Mesón que se llama Leonor. Y es que la vista desde aquí arriba es como volar en un ala delta, claro que usted no debe saber qué es un ala delta, pero es como el invento de Leonardo da Vinci pero transformado en algo ligero y triangular donde los valientes hombre-pájaros, no de la isla de Pascua, imitan el vuelo térmico de las águilas o de los buitres.
Por la tarde, hemos subido al castillo por Fortún López hasta el Parador que lleva su nombre. Las ruinas, las lamentables ruinas, del castillo aparecen rodeadas por un valla y vemos dentro las instalaciones de una piscina. Luego hemos bajado y hemos entrado en la concatedral de San Pedro y en el claustro que es románico del XII, destruyeron una parte de las arcadas para construir la concatedral en el XVI, amplia, cuadrangular, inmensa, con un interior plateresco, e imágenes de Santiago matamoros. Desde la explanada volvemos a ver la ermita de Nuestra Señora del Mirón, altiva, gris, despejada, donde uste alquiló una casita en el Espolón para que Leonor respira aire puro cuando meses antes de morir; pero preferíamos ir al Cementerio del Espino, y no subir hasta allí. Una vez en la explanación del cementerio, mi mujer se acercó a visitar la iglesia de Nuestra Señora del Espino y yo a la sepultura de Leonor. No hay problemas para encontrar la sepultura gracias a las múltiples señales que lo indican. Cuando uno llega a esta sepultura sufre una desilusión y se pregunta cómo es posible que un personaje tan conocido en la literatura, como el consorte soriano de un genio mundial tenga una sepultura tan descuidada. Como se puede ver en el reportaje fotográfico que he hecho. La sepultura sigue siendo la primitiva con algunos adornos rotos. Dice la lápida «D.E.I. Doña Leonor Izquierdo de Machado. 1 agosto 1912. A Leonor Antonio". Y en el borde inferior: " Marmolista, Corredera Baja 18. Madrid". Es decir, que el marmolista puso su marca como sabiendo que esta sepultura iba a ser muy visitada, una forma de publicidad de ultratumba. Leonor tenía 18 años cumplidos cuando fue segada por la hoz de la muerte. Pero tanto fue su dolor que no fue capaz de escribir una «Elegía» como escribiera Miguel Hernández a su “amigo del alma” Ramón Sijé, cuyos versos nos sirven para compartir el sufrimiento.
Un manotazo duro; un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derrumbado.
La sepultura de Leonor es humilde, en la cabecera tiene un paño cerámico que aparece roto. Veo daños en la sepultura de Leonor. Creo que esta sepultura debería ser arreglada en este I Centenario 2007. Creo que Leonor se merece un mausoleo. Pero claro todo dependerá de la voluntad del Ayuntamiento, o mejor dicho, de los sorianos. En la cabecera de la lápida hay una leyenda que no alcanzo a ver ni a leerla, porque me queda muy lejos mi vista; no obstante dándole al zoom máximo a la cámara digital consigo fotografiarla, y más tarde he podido leer que dice:
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Estos versos corresponde a la segunda estrofa de la silva «Allá en las tierras altas», publicado en Campos de Castilla, CXXI, mayo 1913. Son versos de una belleza excelente, sentimentales, de una poesía interior que me hacen saltar las lágrimas.
La verdad es que no es muy agradable visitar los cementerios, pero hay que entenderlo como la visita a un archivo de nuestra historia, porque son casi como los archivos municipales de una ciudad.
Cuando salgo del cementerio y me acerco a los jardines donde veo a mi mujer, su presencia, más que nunca me da una alegría inexplicable, inmensa, que usted sin duda comprenderá. Ella está leyendo una chapa metálica sobre un atril. Me sorprende, no sabía que aquí está transcrito el poema dedicado al olmo seco. Un olmo que ya no conserva sus ramas, es un olmo talado de brazos, grueso, con un bloque de cemento tapando las viejas heridas como huecos. Un tronco lleno de cemento y apuntado por ladrillos. Creo que este olmo debería ser tratado con algún sistema de embalsamiento vegetal para que lo puedan ver futuras generaciones. Un escritor soriano como Ángel Almazán escribió sobre este viejo olmo y la tumba de Leonor en 9 de enero de 2003, donde nos dice que este olmo tiene unos tresciento años "Todavía reverdece cada primavera una ramita".
A UN OLMO SECO
Al
olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad
podrido,
con las
lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas
verdes le han salido.
¡El
olmo centenario en la colina
que lame el
Duero! Un musgo amarillento
le mancha la
corteza blanquecina
al tronco
carcomido y polvoriento.
No
será, cual los álamos cantores
que guardan el
camino y la ribera,
habitado de
pardos ruiseñores.
(Fragmento, 4 de mayo de 1912)
Al año de casados usted decide solicitar una beca el 17 de marzo de 1910 a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Cientificas, del Ministerio de Instrucción Pública con el fin de profundizar en la lengua francesa, y aumentar méritos en su expediente académico, beca que le fue concedida y salen de viaje a París en enero 1911. Sin duda alguna le acuciaba la necesidad de salir de aquel ambiente familiar (vivía con sus suegros), y seguramente a Leonor le agradó, también, la idea de viajar. Sería el tercer viaje de ustes a París, el primero, como recordará lo fue en 1899 donde vivía su hermano Manuel, y trabajó como traductor en la editorial Garnier, donde conocería a Oscar Wilde, y el segundo viaje en 1902. ¿Por qué solicitó esta beca? ¿Qué motivos le llevaron a ello? Si por cuestiones familiares por falta de un hogar propio, una vida propia o los deseos de ver mundo por parte de Leonor. Cambió el Duero por el Sena, un río húmedo en la niebla. Las tardes las dedicaban a pasear por la ciudad imperial de Napoleón. ¿No fue acaso este matrimonio una insistencia de su musa Leonor, por la excesiva autoridad paterna, el guardia civil retirado, un hombre autoritario según las versiones de quienes le conocieron? ¿Tal vez ustes sintió compasión de la severidad con que trataban a Leonor, trabajando en la pesnión, y se casó con ella como una forma de liberárla del trabajo y después salir hacia París como una forma de apartarla de la vida del trabajo familiar, que, seguramante por su edad, ella, no aceptana? Según usted el día de su boda fue un verdadero martirio, quizas por los nervios de toda boda, y la llegada de familiares y amigos, y los jóvenes desocupados que le hicieron la cencerrada.
Después de contemplar el viejo y mutilado olmo, hemos ido la plaza de la Diputación Provincial, entramos en la iglesia románica de San Juan de Rabaneda. Luego hemos paseado hasta Nueva York, así es como se llama la nueva cafetería sucursal de la cafetería York en calle Collado esquina con plaza San Blas y el Rosel. Y al pasar por la puerta del Círculo de la Amistad Numancia en la mítica y soriana calle del Collado, nos damos cuenta de que hace buen tiempo por las mesas y sillas situadas bajo los soportales en la acera del Círculo. Este era uno de los parámetros que antaño tomaba el meteorólogo del Diario de Soria para pronosticar el tiempo. La amplia cristalera tiene grabados en oro, letras que son cifras, en forma de arco con el nombre de la entidad, a través de los cristales grandes como vidrieras de catedrales vemos un lujoso salón ya con las arañas encendidas.
Nos damos cuenta que en el pasillo de entrada al Círculo hay dos placas de latón, una dedicada a usted. Le saco un foto para poderla leer con más detenimiento, encuentro que es un soneto suyo:
Y nunca más la tierra de ceniza
he de volver a ver, que el Duero abraza.
¡Oh loma de Santana, ancha y maciza,
placera del Mirón, desierta plaza
con el sol de la tarde en mis balcones
nunca os veré! No me pidáis presencia;
las almas huyen para dar canciones:
alma es distancia y horizonte: ausencia.
Mas quien escuche el agria melodía
con que divierto el corazón viajero
por estos campos de la tierra mía
ya sabe manantial, cauce y reguero
del agua clara de mi huerta umbría.
No todas vais al mar, aguas del Duero.
La otra placa dice:
«El Círculo Amistad-Numancia de Soria. A D. Antonio Machado y a D. Gerardo Diego, los altos poetas que honraron como miembros de esta asociación, en sus versos, crearon el alma de esta Ciudad –un sencillo hospedaje- y, luego, la hicieron suya. En Soria este lugar de la poesía, Junio de 1989».
Como sospecho que el Círculo es como un Casino privado, entro solo para dirigirme al bar, mi mujer se queda afuera esperando unos minutos. La decoración es la clásica de los edificios modernistas, las columnas son afiladas palmeras como cocoteros de hierro hasta el techo alto de vigas decoradas, los sillones se contagian del cuerpo, las mesas de mármol, y dentro, pasado la barra del bar a la izquierda, hay un gran salón como un campo de tenis con más de cincuenta mesas, todas ocupadas por cuádrigas de jóvenes jugadores a las cartas o al dominó, e incluso hasta al ajedrez de piezas manoseadas por dedos con anillos, práctica lúdica que ya se ha perdido en los salones recreativos.
A la entrada hay un parapeto o un mostrador cuadrangular atendido por una recepcionista con el pelo rubio, me presento y hablo con ella sobre mis viajes: "Estoy buscando a Antonio Machado", le digo, ella pone cara de no saber muy bien lo que yo le cuento. Luego cuando reacciona me cuenta con muchos conocimientos el origen que a este Círculo donde solía venir usted y Gerardo Diego
-Gerardo Diego tocaba el piano -me comenta la chica con entusiasmo-, dicen que era muy simpático, el piano que tenemos es una reliquia, un Steinway. Pero a donde Machado iba con más frecuencia a tomar café era a El Recreo, donde está hoy la cafetería Zeus…
Me acordaba de la cafetería Zeus, estuvimos allí la tarde de ayer, era la que tenía la greca y los cuadros de la capilla Sixtina.
-…Este salón que está a mi espalda se llama de Machado y Leonor -me indicó la recepcionista y me lo enseñó-, allí en la parte de las molduras están los retratos en relieve de Leonro y de Machado.
Efectivamente allí está sus retratos, le pido permiso para hacer unas fotos pero me dice que no, que lo siente, pero no puede ser ya que esto es una entidad privada.
Como vei que era una gran cicerone y me daba importante información le pregunto cómo se llama y me dice que se llama Carmen. Esto me vale para continuar hablando amigablemente, y cuando le pregunto sobre el lugar exacto de la primera pensión en 1907, me responde que estaba encima de lo que es hoy la tienda de Torcuato, en el nº 54 de esta misma calle, luego se pasó a la calle Teatinos, que yo ya sabía y por la que había pasado día anterior. Al preguntarle sobre la antigüedad de este Círculo, me dice que ya se han cumplido los 158 años de su fundación, y me enseña un libro que tiene debajo del mostrador titulado CL aniversario del Círculo de la Amistad-Numancia (1848-1998). Me presenta al administrador del Círculo, un chico joven y simpático, amable, hablamos pero no mucho porque mi mujer está todavía esperandome fuera en la puerta. Salí un momento para avisarle de mi tardanza, ya no estaba en la puerta. Le busco y la encuentro sentada en una mesa en el Nueva York, y le digo que me esperase otros cinco minutos más, pero su cara muestra cierto enfado por lo que ella cree que es un plantón. "¡Si vamos juntos, es que vamos juntos!", refunfuñea con razón.
La dejo en el Nueva York y entro otra vez en el Círculo. Hablo rápidamente con Carmen y el administrador del motivo de mi visita e incluso del club de fútbol Numancia, hasta conseguir hacerme amigo de él, cinco minutos bastaron, me regala un ejemplar de los 150 años de la fundación del Círculo (Más adelante le comentaré este libro). Le ruego que me lo firme como si fuera un pasaporte demostrativo de mi visita, y escribe: «Para Ramón Fernández Palmeral. Estuvo aquí en el Círculo Amistad Numancia el 22-09-2006, (Sello violeta y debajo): Justo Ortega. Advo. Círculo». Todo un detalle que he de agradecerle, porque me ha servido para conocer más en profundidad la vida cultural soriana.
Como Carmen ve que yo tengo prisa, se deja caer con humor soriano, "Póngale a su libro Buscando a Machado en Soria, desesperadamente". Me hace gracia, porque en realidad esto es lo que yo estaba demostrando, precipitación, preguntras y preguntas como un desesperado.
Luego con caras largas mi mujer y yo paseamos por Soria hasta dar por terminado el día.
Atentamente, se despide hasta mañana su seguro servidor.
Carta quinta. Sábado, 23 de septiembre
Estimado don Antonio:
Llegó la mañana del llanto por la partida desde Soria, la chiquita Leonor se queda abrazada por las riberas verdes y doradas del Duero esperando a que volvamos otra vez. Tomamos camino de las soleadas playas de Alicante por Calatayud, Daroca, Teruel y Valencia. En el madero de mi memoria quedarán clavados tres días inolvidables, en los que hemos disfrutado del tacto frío de las piedras monacales, de las piedras nobles y aristocráticas, admirado los caprichosos capiteles de las arcadas de los claustros románicos, de los roquedales, de las ruinas numantinas, del paisaje en días claros del septembrino mes del vuelo de los buites en círculos térmicos en el cañón del río Lobo. Lloramos por la pérdida de la cálida hospitalidad de los sorianos. “¿No ves, Julia, como nos dicen adiós las ramas de los álamos machadianos con sus manitas que la brisa pensativa del río, mueve…”
Por la N-234 circula poco tráfico, es sábado, la carretera traza un tiralíneas hacia el Este. Es suave y sedosa como el lomo de Platero, los badenes son como grandes jorobas, el asfalto presenta parches como un cuadro cubista que nos va llevando en brazos hasta dejarnos en el centro de la cuna de